LAS FÓRMULAS MÁGICAS PARA PRACTICAR SEXO NO EXISTEN

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La satisfacción erótica es subjetiva. Esto significa que lo que a una persona le puede encantar, a otra persona le puede aborrecer, incluso si ésta es la pareja.

No hay prácticas, zonas erógenas o placeres comunes a todas las personas. O mejor dicho, no hay estímulos, comportamientos, expresiones o sensaciones comunes. Y esto es una buena noticia, porque permite a cada persona ir descubriendo lo que le gusta y lo que no; así como ir aprendiendo a comunicárselo a posibles parejas sexuales.

Existe una falsa creencia muy extendida que asegura que para que una relación sea satisfactoria o completa tiene que haber coito y orgasmo. El coito es una opción y no una obligación en las parejas heterosexuales. Por supuesto que hay a muchas personas que les encanta, pero hay otras tantas a las que no. Incluso en algunos casos, existen personas que se sienten obligadas a practicarlo. Y la obligación no casa nada bien con la satisfacción.

Otro de los mitos es el que posiciona al orgasmo en la cima de los placeres necesarios para medir el éxito en una relación sexual. La realidad es que éste no siempre tiene por qué estar ligado a una buena experiencia; de hecho, puede no haberse experimentado, sin embargo, haber vivido un encuentro de manera muy positiva y satisfactoria. Cuando se acude a una relación con una meta fija (el orgasmo), es probable que no se disfrute del camino, porque la mente esté centrada en el final, como un examen.

Por otra parte, también es importante que seamos conscientes de que socio-culturalmente se han catalogado las relaciones sexuales y muchas personas consideran que hay prácticas de “primera” y prácticas “de segunda”. También se han catalogado prácticas como normales y otras como raras. Pero si tenemos en cuenta que el placer es subjetivo, no podemos patologizar las prácticas sexuales. Lo que a una le gusta, a otro le puede parecer estrafalario, pero eso no te convierte en una persona rara. En el sexo no hay nada raro, ni fuera de lugar, siempre y cuando haya consenso y legalidad, consentimiento y deseo.

No hay fórmulas mágicas con la masturbación a un pene o a una vulva, sobre cómo hacer mejor un cunnilungus o una felación, sobre cómo es la mejor postura en el coito o para la penetración anal, sobre besos, caricias, azotes… ¡hay que descubrir cómo le gusta a cada personas, a través del autoconocimiento y la autoaceptación!